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 Il trillo del diavolo [Jeanne]

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Hades
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Pez Búfalo
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MensajeTema: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Lun Mar 19, 2012 8:49 pm

[París, Francia. A media tarde]

Todo iba bien desde que, hacía algo más de un año, le había propuesto a Jeanne el escaparse de casa y, por ende, de su Carcasonne natal. La verdad, jamás hubiese pensado que alguien como él, tímido y retraído, fuese a atreverse a realizar tamaña hazaña. Por suerte, y tras el "disgusto" inicial, sus padres terminaron por comprenderlo, pues Abel no quería perder la comunicación con ellos. Al fin y al cabo, jamás habían deseado mal alguno para él. ¿Qué se habían podido equivocar en ciertas cosas? Por supuesto, al fin y al cabo, somos humanos.

Ese día, Jeanne había salido y, por supuesto, él no le había negado tal cosa. Respetaban su libertad y los momentos de intimidad y asueto de cada uno. Abel, por su parte, había decidido quedarse en el apartamento. Al final, sus padres le habían mandado algo de dinero, aunque él se había mostrado reticente al principio, pues tenía los suficientes ahorros de sus conciertos como para poder mantener a Jeanne a un buen nivel de vida. No pomposo, pero sí lo suficiente como para que, a ninguno de los dos, les faltase de nada.

La tarde era nublada y refrescante, perfecta para pasear, o para retomar su trabajo. Hacía un par de días que había terminado con una nueva partitura, una nueva sonata, y todavía no la había puesto en práctica. Básicamente, quería esperar a Jeanne, que ella fuese la primera que se deleitase con el tañido delicado de las cuerdas de su violín y, sobre todo, gustaba de la opinión de la muchacha. De su chica.

- Jeanne...

Musitó su nombre, en la actual soledad que le profería el apartamento en el que se encontraba, al mismo tiempo que se le escapaba una suave sonrisa soñadora. Adoraba a la susodicha y sería capaz de hacer cualquier cosa por ella.

Cualquier cosa...

En el exterior, el día nublado comenzaba a dejar caer algunas leves gotas de lluvia, refrescante, que repiqueteaba, todavía de manera muy delicada, en los cristales y en la acera de aquella calle parisina. Los ojos ámbar de Abel se separaron, por unos momentos, de las partituras, las cuales dejó a un costado, bien ordenadas sobre el atril y se acercó a la ventana de aquella habitación, sin tan siquiera abrirla. Lentamente su atención, soñadora, ensimismada, se posó sobre el cielo gris.

Le gustaban los días como ese. Aunque más aún los de tormenta. Siempre había gustado de las tormentas y de los días oscuros. De un tiempo a esta parte, al menos Jeanne podría haber notado, debido a la convivencia, que Abel era mucho más activo durante la noche que durante el día, donde parecía amodorrarse más, de una forma u otra. Gustaba de contemplar la bóveda celeste por la noche, aunque en aquel lugar, céntrico, la visibilidad de las estrellas era muy mala, debido a la contaminación lumínica de la ciudad. Un suspiro suave se escapó de entre sus labios, mientras su mente se perdía en íntimas ensoñaciones, en sueños pasados, en la imaginación de diversas lecturas. Siempre le habían fascinado las leyendas de la antigüedad. El agua cada vez iba cayendo con más fuerza y, de repente, un trueno rasgó el cielo, casi haciendo temblar el cristal ante el que se encontraba. Aunque inicialmente no se inmutó, un escalofrío recorrió la espina dorsal del joven francés.

¿Qué era esa sensación de congoja e incertidumbre que, de un momento a otro, se había apoderado de él? Como una amenazante sombra...
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Jeanne Reno
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Aries Búfalo
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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Mar Mar 20, 2012 5:52 am

Paso lateral, bloqueo. Con la pierna cogida, la mujer da un tirón un tirón y atrae a su rival, propinándole un rodillazo en el lateral de la pierna, haciéndole caer al suelo. Paso atrás, giro de 180 grados, el talón de su pierna golpea en la sien del desgraciado con una fuerza monumental y tal velocidad que le produce una brecha. Continúa el giro y da un leve salto atrás, manteniendo la guardia.

El hombre, un tipo de metro ochenta, pelo negro y rizado y piel oscura, trastabilla, dando la indicación de que no aguantará mucho más. Paso adelante, salto con patada voladora directa al diafragma. Con un sonido de aire escapando de sus pulmones, el estómago se hunde ante el impacto, no mostrando resistencia, y el cuerpo cae duramente al suelo como si se tratase de un saco de patatas.

Un par de gotas de lluvia empiezan a caer aquí y allá mientras la mujer se echa el pelo hacia atrás, sonriendo. Se pasa el pulgar por debajo de la nariz, con una sonrisa orgullosa, antes de agacharse a una de las piedras del callejón, levantándola y llevándose los 100 euros que habían apostado entre los dos. Su cabello, multicolor, brilla a la escasa luz del día nublado, mientras mantiene su sonrisa de superioridad

Hoy gano yo. Gracias por el dinero, pero aún andas a años luz de mí la chavala se ríe ácidamente, antes de echarse el pelo hacia atrás por encima de su hombro vuelve cuando no uses pañales

Dicho eso, le dió la espalda, andando tranquilamente fuera del callejón. La lluvia empieza a arreciar, y la gente más despistada corre en busca de cobijo ante la tromba que se avecina. Pero Jeanne sólo anda tranquilamente por las calles. Se introduce en una tienda y poco después sale con una caja bajo el brazo. Sus ojos se desvían al cielo, donde ya la lluvia que cae produce una cortina. Y sonríe.

Unos minutos después, la puerta del piso se abre y Abel puede escuchar una risotada proveniente de una voz femenina que él conoce muy bien

¡Me da que no me ducho hoy! comentó, con esa sonrisa típica suya. Sin embargo, su aspecto dejaba algo que desear: su ropa estaba empapada, de modo que la camiseta transparentaba y se pegaba a su piel, el pelo se pegaba a su espalda y los vaqueros se habían quedado atorados. Aparte de eso, sus brazos, descubiertos por la camisa de tirantes estaban llenos de moratones y tenía un feo golpe en una de sus mejillas, aunque no parecía que le molestase demasiado el dolor.

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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Mar Mar 20, 2012 6:12 am

Abel se alejó un par de pasos de la cristalera. El escalofrío había aumentado ligeramente y, por unos momentos, había creído ver como una oscura sombra, más allá de las nubes, se cernía sobre el grisáceo cielo parisino. Sacudió, tras eso, ligeramente la cabeza, con los párpados apretados. Seguro que habían sido figuraciones suyas. El cansancio, sí. Seguramente fuese eso. Hacía algo de tiempo que no tenía sueños, o que él recordase, pero también era cierto que de unos días a ahora, dormía peor. O había días que no dormía, sin conseguir averiguar el porqué.

Se pasó la mano por el oscuro flequillo, retirándolo un poco de la frente, justo en el momento en que escuchó como la puerta principal se abría. La única que podría ser era Jeanne. Decidió apartar eses oscuros pensamientos de su mente, y se acercó a la entrada para recibirla. La sonrisa que portaba, hasta ese instante, se borró de inmediato al ver las guisas con las que la francesa había llegado. No por lo mojado. Eso se arreglaba con una buena ducha caliente. Pero eses moratones no le estaban gustando nada, y así lo estaba dejando entrever a juzgar por la mirada inquisitiva que Abel le estaba echando.

Y volvió a suspirar, con resignación, negando con la cabeza.

- ¿Te has vuelto a pelear...? Sabes que no me gusta eso... - Comentó, mientras se acercaba a ella y le acariciaba, con mucho cuidado, la mejilla lastimada. - ¿Qué pasaría si alguna vez van más allá de los puños, Jeanne?

Se imaginaba la contestación de su pareja. Siempre igual, dicharachera y despreocupada, todo lo contrario que él, que era algo más meticuloso y solía preocuparse primero por los demás antes que por él mismo. Ahí Jeanne siempre le pillaba. Sonrió suavemente, aunque aún podía adivinarse un ápice de preocupación en sus orbes ámbar, dulces como la miel. Le revolvió el pelo mojado, con cuidado, y agachó el rostro a su altura, pegando su frente contra la de ella, con cariño.

- No tienes remedio... Venga, ve a darte una ducha, te sentará bien. Yo prepararé una bolsa con hielo para ese moratón, antes de que se te hinche más. ¿Te apetece algo de tentempié?

Abel se había negado a tener servicio alguno en su casa. Así que eran él y Jeanne los que se ocupaban íntegramente del apartamento. La verdad es que era todo un cuadro ver a ambos en la cocina.
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Aries Búfalo
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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Jue Mar 22, 2012 1:34 pm

¿Te has vuelto a pelear...? Sabes que no me gusta eso... Jeanne le dedicó una mirada de niña que acaba de romper todos los platos de la casa pero se hace la inocente, mientras Abel se acercaba a ella. Cuando él la tocó, ella se restregó levemente contra su mano, como una gata zalamera ¿Qué pasaría si alguna vez van más allá de los puños, Jeanne?

Pues que no andarán en mucho tiempo, claro la chica le sonrió, mientras escondía la caja tras ella, sacándole la lengua. Sonrió, derritiéndose literalmente cuando él le dedicó la sonrisa, y se rió alegremente cuando su novio la despeinó un poco, cerrando los ojos alegre. Le encantaban esas atenciones, y más aún cuando él apoyó su frente contra la de ella

No tienes remedio... Venga, ve a darte una ducha, te sentará bien. Yo prepararé una bolsa con hielo para ese moratón, antes de que se te hinche más. ¿Te apetece algo de tentempié? Ella sonrió, entrecerrando los ojos con esa expresión pícara tan propia de ella

No, ya me sirvo yo dijo, dándole un rápido beso, antes de relamerse ¡Qué rico! Ah, se me olvidaba. Toma, feliz aniversario de... hmmm ¡De salir de parkour conmigo! exclamó, tendiéndole la caja que traía con ella. Era de cartón, y apenas estaba mojada al haberla cubierto con su propio cuerpo. Dentro, abel vería un libro de partituras nuevo, pero hecho al estilo antiguo, con encuadernación de cuero y hojas tratadas para parecer láminas apergaminadas del siglo XIX. Sonrió de oreja a oreja

¿Te gusta? Lo ví y de pronto pensé en tí. Quiero que lo rellenes con las canciones más hermosas que puedas componer, ¿vale?

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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Jue Mar 22, 2012 7:23 pm

No, ya me sirvo yo

- Vale, pero después de la duch-...

Fue en ese momento en el que Jeanne decidió cortar toda comunicación, por parte de Abel, con aquel beso. El chico parpadeó, pillado por totalmente por sorpresa y sus mejillas no tardaron en colorearse de un gracioso color carmín. Era vergonzoso, sí. Y claro, las palabras descaradas de su pareja no ayudaban, en lo absoluto, a que dicho rubor decidiese bajarse.

Pero aún así, esbozó una suave y agradable sonrisa. Gesto que se tornó en uno de curiosidad y confusión cuando la chica le entregó una caja. Apenas estaba mojada, solo unas ligeras gotas de lluvia que habían adornado la parte superior, pero parecía que Jeanne la había protegido muy bien del agua. Abel miró a su novia, y luego a la caja que ella le tendía.

- ¿Jeanne...? - Musitó, aún más confuso si cabía, hasta que finalmente, su cerebro decidió hacer contacto y tomar, entre sus manos y de forma delicada, el regalo que le era extendido por la francesa. Abrió con cuidado aquel paquete y lo que se encontró lo dejó, literalmente, sin palabras. Con los ojos muy abiertos, intercambió alguna que otra mirada, alternativamente, entre la chica y el libro de partituras. ¡Precioso! Totalmente... bello. Acercó, con mucho cuidado, temiendo que se le fuese a destruír entre los dedos, una mano, apenas rozando la tapa de cuero, de manera temblorosa. - E-Es... es precioso... ¿Cómo has...? - No era capaz ni de articular palabra, consciente de lo caro que le habría podido salir a ella. Pero ahora... Ahora no quería pensar en eso.

Una sonrisa enorme, luminosa, se esbozó en el rostro del pelinegro, antes de volver a dejar, con extremo cuidado, el objeto en su caja y ésta sobre una mesita cercana.

- No tenías por qué y lo sabes, pero... - Acto seguido, la miró a los ojos, en los cuales brillaba todo el amor y el cariño que sentía por Jeanne, al tiempo que la tomaba, con una mano, delicadamente del mentón. Suspiró y negó resignadamente con la cabeza, aunque todavía sonriendo. Podía leerse la ilusión y la sorpresa en sus orbes ámbar. Sin pensarlo, y queriéndolo, atrapó los labios de Jeanne entre los suyos, con una delicadeza y posesividad cariñosa sin par. Alargó el beso todo lo que pudo, lo que los pulmones de ambos les permitieron, antes de separarse, pero todavía rozando los labios. - Gracias. Es perfecto, precioso... Aunque no más que tú, mon amour...

El acento afrancesado de Abel era delicado, melodioso y totalmente sensual.
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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Dom Mar 25, 2012 5:22 pm

La muchacha de pelo multicolor sonrió alegremente al hombre mientras este abría el paquete y se encontraba con el regalo cara a cara. Disfrutó de las reacciones del muchacho, sonriendo de oreja a oreja encantada al ver que le había gustado.

E-Es... es precioso... ¿Cómo has...?

¿Qué clase de novia sería si no supiera lo que te gusta? replicó la muchacha, aún con esa sonrisilla. Él la cogió del mentón y ella pasó sus brazos alrededor del cuello de él, a sabiendas de lo que probablemente iría a hacer inmediatamente. No la defraudó, y aceptó el beso a manos llenas, cerrando los ojos y dejándose llevar. Incluso se echó ligeramente atrás, de modo que Abel la sujetase entre sus brazos. Era la más fuerte físicamente, pero la encantaba cuando la cogía así. La hacía sentirse alguna princesita de alguna película

Gracias. Es perfecto, precioso... Aunque no más que tú, mon amour...

La chica entreabrió sus labios, como si pidiese más, con los ojos entrecerrados. El pelo, húmedo, se pegaba a sus mejillas, goteando agua en el suelo. Segundos después, sus labios se curvaron en una suave sonrisa, mientras su mano derecha enterraba sus dedos en el pelo de él, acariciándole levemente en círculos el cogote

No digas tonterías, mon chère, no puedes decir que soy perfecta cuando eso haría que me tuviese que comparar contigo sonrió suavemente, dándole un leve beso en los labios, casi tímido y recatado, antes de separarse pero... antes de que lleguemos a más arrumacos y zalameos, creo que me voy a duchar. No querría resfriarme...

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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Dom Mar 25, 2012 6:28 pm

París.. Hacia bastante que no volvía al mundo humano. Prácticamente no recordaba nada a pesar del corto tiempo que había pasado desde que el cosmos de Hades me había despertado. Aun me costaba asimilar el que Abel fuese su envase.

Suspiro, colocándome el sobretodo rojo de cuero sobre el pantalón de vinilo negro y la camiseta escotada, lo cierro haciendo que llegue hasta los borcegos, antes de comenzar a caminar. Ignorando a los humanos que me observaban. No valían mi tiempo, tenia una tarea mas importante que hacer.

Al llegar al edificio frunzo el ceño. No podía creer que alguien de su nivel, se hubiese ido a vivir a aquel sitio y encima con aquella mujer corriente y vulgar. Aprieto los puños al pensar en ella. Me molestaba solamente el recordar su presencia. Acomodo la bolsa a mi costado, donde había una torta de excelente calidad que llevaba para agasajar a mi amigo. Después de todo en la alta sociedad siempre debíamos llevar algo asi.

Había un hombre de mediana edad en la puerta. Maldición Se me iba a complicar pasar ya que no pensaba rebajarme para atraer su atención Metiendo las manos en los bolsillos me acerco a el.

-Buenas Tardes... ¿Puedo ayudarla...?

-Si... - Le digo de manera cortante... - Necesito pasar al ultimo piso para ver al señor Delacroix... y usted va a dejarme pasar...-

Podía ver su rostro confundido pero se puso firme.

-Lo siento señorita... no puede...-

Suspiro de manera audible e irritada, antes de acercarme a el y mirarlo de manera amenazante.

-¿Usted quiere conservar su empleo verdad...? No tengo ganas de hacer que mi padre, el senador Kattalakis deba meterse para echarlo... ahora abra la puerta o no volverá a trabajar en toda su vida de nada mas...-

Lo apremio de manera fría Podía ver su sudor y nerviosismo, antes de acercarse de manera temblorosa a la puerta y abrirla. Le sonrío con amabilidad, agradeciéndole antes de pasar. Subí al ascensor y marque el ultimo piso aguardando. No me gustaba usar a mi padre en nada pero no iba a utilizar mi cosmos con alguien tan vulgar.

Al llegar a la puerta del único departamento en el piso, suspiro antes de acercarme y golpearla. Podía oír la voz de el y ella adentro. Apretando los dientes al sentir la ira que me invadía de solo tener que ver aquella cara insoportable, respiro profundo para contener la ira y aguardar a que abran.
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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Lun Mar 26, 2012 4:37 am

No digas tonterías, mon chère, no puedes decir que soy perfecta cuando eso haría que me tuviese que comparar contigo... Pero... antes de que lleguemos a más arrumacos y zalameos, creo que me voy a duchar. No querría resfriarme...

- Estoy completamente de acuerdo contigo. Venga, ve. Y que sea la última vez que te metes en peleas peligrosas.

Le advirtió, aunque sabía que la chica mucho caso no le haría al respecto. O, al menos, no intentaría hacerlo durante unos días, hasta que él se quedase tranquilo. Siempre era así, aunque la quería y amaba por eso. Suspiró una vez se vió solo durante un rato, y sonrió quedamente mientras acariciaba, con las yemas de los dedos, la portada de aquel libro de partituras. Sí, era realmente hermoso.

Se dirigió al cuarto que ambos compartían, para dejarlo ahí bien guardado y poder contemplarlo más tarde, cuando escuchó el sonido de la puerta, alguien llamando a ella. Se detuvo a medio camino, ladeando la cabeza hacia dicha dirección. ¿Quién sería a estas horas? Solo sus padres sabían su nueva dirección, y no creía que fuese el cartero, pasando a media tarde. Dejó el libro de partituras sobre la mesita del salón y se dirigió a atender la llamada.

Cuando miró por el dichoso agujerito ese de la puerta, se quedó un poco a dos velas al reconocer a la persona al otro lado de la puerta. Ah, genial... Y con Jeanne ahí. Solo esperaba que no se empezaran a sacar los ojos. Porque, efectivamente, por su educación era incapaz de rechazar a nadie la entrada a su casa. Ahora bien, ¿cómo había averiguado su dirección nueva? Bueno, ahora poco importaba eso.

Finalmente, abrió la puerta y, aunque sorprendido, esbozó una tímida y agradable sonrisa.

- Minos... Qué sorpresa. - Y la había sido, realmente. Con un gesto elegante de la mano, la invitó a pasar al interior. - Pasa, por favor, y acomódate. ¿Te apetece tomar algo? - Ofreció, cortés y cerrando la puerta una vez la albina se animase a pasar al interior.

El apartamento era amplio, tan amplio como dos o tres pisos unidos, con una gran terraza en el último piso, en el cual se encontraban. De decoración elegante pero sencilla, era un espacio luminoso con algunas zonas en penumbra, cálido y agradable.
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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Lun Mar 26, 2012 5:44 am

En el tiempo que él se dirigía a la habitación, ella se abalanzó al baño, desnudándose a toda velocidad para meterse dentro del chorro de agua hirviendo con un suspiro extasiado. Realmente no necesitaba limpiarse a fondo, sólo ducharse en caliente para entrar en calor, por lo que la ducha tampoco le iba a llevar mucho tiempo. De hecho, no se lo llevó, teniendo en cuenta que estaba deseando coger a Abel por la pechera y arrastrarle al dormitorio. O mejor, en medio de la salita de estar

En cuanto salió de la ducha, envuelta sólo con una toalla al cuerpo, el pelo revuelto de haberlo secado a mano y con su camiseta en la mano, lanzó dicha prenda húmeda en dirección a la primera figura que vió, hacia su cara, mientras se reía

¡Espabila Ab- ¿eh?! la chica parpadeó al ver que el objetivo de su "ataque" no era su novio, si no otra persona. Abrió la boca para disculparse, pero al reconocer el cuerpazo y ese par de melones, su cara se le agrió al instante, mientras se recolocaba mejor la toalla, con expresión desagradada

Huy, perdona, vaca, te he visto tan estirada que pensé que eras un perchero. Pero claro, los percheros no tienen ubres, tonta de mí dijo, con cierto sarcasmo, mientras se cruzaba de brazos, aún con expresión desafiante en su rostro ¿qué tripa se te ha roto ahora?

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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Lun Mar 26, 2012 9:07 am

La puerta se abrió y allí estaba mi amigo. Parecía sorprendido de verme, sin duda no esperaba aquella visita pero su cortesía y educación podían más que su incomodidad. Entre al departamento. Por dentro parecía más grande y mas adecuado de lo que parecía por fuera a primera vista.

-Buenas tardes Abel… - Le sonrío de manera cortes, entregándole la tarta – Gracias… me apetece algo de te…-

A primera vista aquella mujer no se encontraba a la vista y eso era un alivio. No me interesaba verla, teníamos que apurar los trámites si queríamos que el amo volviera pronto al inframundo, aunque seria extraño verlo a el sentado en el trono.

Antes de que pudiera decir algo mas otra puerta se abrió y salio una mujer. Aquel cabello multicolor y vulgar era imposible de olvidar. Desgraciadamente estaba en casa. Complemente inexpresiva, escucho su comentario antes de sentir aquella camiseta sobre mi rostro. Respirando profundo para no atacarla en ese preciso instante, tomo con el pulgar y el índice la camiseta, quitándola de mi rostro como si oliera mal, aunque pensándolo bien, cualquier cosa que viniera de ella apestaba. La alejo de mi rostro y la observo, con una sonrisa irónica en el rostro.

Podía ver como mis hilos se desparramaban por todo el lugar sin que nadie los viera. Manteniendo aquella sonrisa, engancho uno en su toalla y llevando mi mano a mi boca para cubrir un bostezo tiro de ella, para que se abriera, dejándola desnuda.

-Oh Abel… estas aquí… creí que eras tu el que salía del baño… - La observo a ella – Lo siento Pony… es que tienes el pecho tan plano que te confundí con un varón…-

Le digo con sarcasmo antes de volver la vista a el. No comprendía como podía estar con alguien tan vulgar y tan corriente como esa ridícula mujer.

-Espero que no te moleste la visita… No tengo demasiado tiempo para quedarme pase a hacer una visita ya que hacia mucho que no nos veíamos…-

Vuelvo a hablar de manera suave al dirigirme a el, ignorando a la pony plana que estaba a un costado, seguramente echando humos.

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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Lun Mar 26, 2012 10:56 am

- Eeh... Claro, acomódate donde quieras, ahora mismo te lo preparo.

Mierda, mierda, mierda y más epítetos malsonantes y no aptos para niños. En su fuero interno, Abel estaba de los nervios, por no decir que estaba acojonado. Minos ahí, y con Jeanne en la casa, eso solo podía significar una cosa: hecatombe. Sabía que ambas mujeres no se llevaban, precisamente, bien. Y, por lo general, el pelinegro había catalogado sus disputas como berrinches infantiles. Pero era distinto, muy distinto, cuando era él el que estaba en medio de aquellas peleas de gatas.

Por todos los dioses, que se fuese ante de que Jeanne saliese de la ducha y el baño, en consecuencia.

- ¡Espabila Ab- ¿eh?!

¡Mèrde!

Y nunca mejor dicho. Abel se quedó tieso en el sitio en cuanto ambas mujeres se encontraron visualmente. Vió pasar por su costado una camiseta que reconocía a las mil maravillas, la de Jeanne, aterrizar en toda la cara de la albina. Estuvo tentado de hacerse un enorme facepalm y enterrarse ahí mismo, que se lo tragase la tierra. Pero lo único que pudo lograr fue tragar saliva, y volverse a ambas chicas con una sonrisita nerviosa.

- Eehm... Creo que las presentaciones sobran... - Carraspeó, claramente de los nervios. Si ya era retraído y tímido de por si cuando estaba con una persona, cuando Minos y Jeanne se encontraban, con él por medio, Abel estaba total y completamente incómodo hasta el punto de querer huír de allí. Y, más o menos, eso fue lo que hizo. - Minos, esto... Voy a preparar tu té. Volveré enseguida. Jeanne, deberías ir a cambiarte y atender a nuestra invitada. - "Y por lo que más queráis, no os matéis...", suspiró, pesadamente, antes de desaparecer hacia la cocina.

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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Lun Mar 26, 2012 11:19 am

Jeanne reaccionó como casi cualquier mujer que se ve desnuda de pronto, soltando un gritito y tapándose sus partes pudientas con las manos y brazos, en una expresión tan femenina que directamente no encajaba con lo machorra que normalmente resultaba ser. No tuvo tiempo a pensar en cómo demonios se le había caído una toalla totalmente atada, pero sospechaba que Minos era la culpable, seguro.

La fulminó con la mirada, aún algo sonrojada durante unos segundos. Eso es, hasta que en su mente algo hizo "click"

"Oh Abel… estas aquí… creí que eras tu el que salía del baño… La ceja de Jeanne empezó a saltar en su frente, indicando un tic nervioso propio del embalse a punto de estallar, mientras se notaba un aura asesina emerger de ahí. No se dió cuenta del resto de la conversación, que Abel se había ido valientemente ni que Minos no se refería a lo que ella misma pensaba. Su mente sólo conseguía relacionar con que la habían desnudado y que Minos quería que ella hubiera sido Abel... es decir, que quería haber visto DESNUDO a SU NOVIO.

Quizás era algo inconsciente y jamás lo había usado ahora, pero la peliarcoiris estaba furiosa, y eso se notaba en una violenta energía que empezó a emerger de su cuerpo mientras sus dientes rechinaban como una espada en una piedra de afilar. Su pierna derecha se extendió hacia adelante, mientras su brazo derecho se echaba también adelante, en una postura de guardia que a Minos le resultaría familiar de tener recuerdos de encuentros pasados con caballeros de Atenea. Su mano izquierda se retrasó ligeramente, mientras flexionaba la pierna del mismo lado, y sus ojos refulgieron con furia

Voy a hacerme unas botas con tu piel, zorra gruñó la joven caballero de pegaso, mientras su violento cosmos empezaba a adquirir forma a su espalda. Primero unas alas, después unos ojos equinos, y finalmente, un pegaso rampante apareció justo a su espalda, mientras su pelo empezaba a agitarse con la furia de su propia energía espiritual.

El pegaso estaba despertando

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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Lun Mar 26, 2012 11:45 am

La situación se complicaba. Como muchas otras veces, Abel huía de nosotras. Cada vez que nos encontrábamos era un enfrentamiento distinto. Odiaba a esa mujer inútil y corriente. No merecía tener a su lado a mi amigo, el sin duda merecía a alguien mejor.

Dejo escapar un suspiro al escucharla gritar. Cerrando uno de mis ojos con expresión molesta por su falta de educación. Siempre tan vulgar. Pero a pesar de estar desnuda se enfureció con el comentario, como siempre su materia gris no hacia acto de presencia y no pensaba… A estas alturas me preguntaba si alguna vez lo hacia. Podía sentir su cosmos aflorando. Ahí demostraba lo que había sentido de ella.

Maldición…

¿Cómo podía ser que dos enemigos acérrimos reencarnaran en personas tan cercanas que se amaban? Era cierto que del amor al odio había un solo paso… Pero… ¿Qué iba a ocurrir cuando el amo despertara y tuviese que luchar contra ella? La observo fijamente mientras toma posición. ¿Acaso pensaba atacarme? Sentía como mi sangre hervía y prendía fuego todas mis venas. ¡Como se atrevía!

Aprieto los dientes y los puños, tensando los hilos mientras el cosmos crece a mí alrededor. Tomando un color violáceo oscuro. Sentía todos mis músculos tensos mientras la observaba.

-¿Vas a intentar atacarme…? Como te atreves, mugrosa mocosa vulgar… -

Comienzo a enrollar los hilos alrededor de sus piernas y brazos. Estirando las manos hacia mis costados para tensar sus extremidades pero sin hacerle daño. No estaba despertada y no seria justo una pelea así. Aunque estuviese despierta como santo de Athena tampoco podría ganarme. La ventaja de cosmos era mucho mayor.

-¿Crees que puedes Ganarme? Nunca pudiste hacerlo Jeanne… Y tampoco podrás hacerlo ahora…-

Le digo levantando la voz. Sentía como mi cabello comenzaba a agitarse por el cosmos concentrado a mi alrededor mientras los hilos continuaban tensándose a su alrededor.

Comienzo a avanzar hacia ella con pasos temblorosos, por la ira contenida, hasta quedar frente a su rostro unos instantes. Para observarla con expresión asesina, tomando su mentón entre mi mano derecha. Rozando su mejilla con las uñas largas pintadas de negro.

-Escúchame Burra… El juego comienza ahora y no voy a permitir que le hagas la vida imposible a mi Amo… Mantente apartada o te juro que no quedara una parte de tu cuerpo lo suficientemente grande como para hacer un reconocimiento… ¿Me has oído…?-

Le digo apretando los dientes y su mentón, antes de soltar su rostro y su cuerpo de los hilos. Acomodándome la ropa y el cabello agitado. Yendo a tomar asiento en uno de los sillones, cruzándome de piernas, de perfil a ella para ver cualquier movimiento que pudiese hacer.

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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Lun Mar 26, 2012 3:39 pm

Por otro lado, Abel se encontraba haciendo el té para Minos y, ya puestos, otro para Jeanne y él. Preferiría una tila para calmarse él, y unos sedantes para elefantes para que se calmasen las chicas. De hecho, incluso desde la cocina las escuchaba discutir, como siempre que se encontraban. Se apoyó en el cuidado marmol de la cocina, mientras esperaba a que el agua hirviese y pudiese servir las bebidas bien calentitas. Y suspiró con resignación.

Pero inconsciente, al menos, de lo que realmente sucedía en el salón, de aquello que brotaba de Jeanne, que brotaba de Minos, un escalofrío recorrió su espalda. Había notado algo extraño y también tremendamente familiar. Por unos momentos, su mente se nubló, y algo surgió de Abel sin que éste se diese cuenta. De manera muy ínfima, su persona desprendía una muy leve energía. Como una pequeña llama contenida. Pero era lo suficientemente intensa como para abrumar los cosmos de aquellas dos. Algo que de lo que el chico no tenía ni la menor idea. Por unos segundos, su mirada de color ámbar se opacó, perdida en algún punto indefinido, mientras su rostro se tornaba serio.

De repente, se llevó una mano a las sienes. Por un instante, una repentina y confusa sucesión de rápidas imágenes, pasaron por su mente. Eran mareantes. Volvió, finalmente, en sí, sacudiendo un poco la cabeza. ¿Qué había sido eso...?

- Seguro que es por falta de descanso... Últimamente me estoy presionando mucho con los ensayos... - Musitó para sí, todavía algo confundido, mientras servía el agua en una tetera, con las hojas de té ya dentro, la cual, al igual que unas tazas, ponía sobre una elegante bandeja, así como las cucharillas y el azucar.

Suspiró y miró al frente, a la puerta. De repente parecía haberse silenciado todo, apenas por unos momentos o, al menos, no parecían estar gritándose. Esperaba poder aguantar todo aquello. Con paso tranquilo, aunque se le notaba incómodo y algo nervioso, regresó al salón, con la bandeja y sus elementos, en la mano.

- Siento la demora. - Anunció, entrando al salón donde Jeanne y Minos se encontraban. De hecho, se fijó en la primera. - Jeanne, por favor, vé a vestirte, que tenemos una invitada. - No lo dijo con recriminación ni reproche, sino más bien con verguenza a juzgar por como se le colorearon las mejillas y en lo que comenzaba a servir el té.
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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Mar Mar 27, 2012 4:23 am

¿Pero qué-? lo de los hilos cogió totalmente desprevenida a Jeanne, que jamás había visto algo así. Desafiaba todas las normas de la lógica, y aunque forcejeó contra los hilos, su cosmos se tambaleó, perdida por un momento la furia al trocarse en sorpresa e incomprensión. Lanzó una mirada desafiante a la peliblanca, convencida de que de todos modos podría liberarse en un momento de despiste, mientras esta seguía hablando

¿Crees que puedes ganarme? Nunca pudiste hacerlo Jeanne… Y tampoco podrás hacerlo ahora…

Te equivocas, Minos... Hace mucho tiempo que he ganado y jamás podrás superarme... No es a tí a quien pertenece el corazón de Abel la peliarcoiris lanzó una mirada cargada de desafío, mientras el animal mitológico a su espalda también mostraba ese mismo desafío, latente, esperando un momento para volver a surcar el cielo liberado. Los hilos se tensaron, y los músculos de la mujer se tensaron a su par, mostrando una resistencia encomiable, incluso para un caballero de bronce, alimentados por su tozudez y fuerza de voluntad más que por la poca fuerza física que su menudo cuerpo podría desarrollar.

Cuando Minos se acercó para ir a cogerla la mejilla, Jeanne le lanzó una dentellada, recordando a un depredador furioso o a un caballo desesperado, aunque realmente en este caso se asemejaba más a la primera que a la segunda

Escúchame Burra… El juego comienza ahora y no voy a permitir que le hagas la vida imposible a mi Amo… Mantente apartada o te juro que no quedara una parte de tu cuerpo lo suficientemente grande como para hacer un reconocimiento… ¿Me has oído…?

¿Amo? Jeanne parpadeó con incomprensión, antes de volver a su expresión de desafío Me amenazas en vano, vaca siliconada. No pienso alejarme de Abel, ni viva ni muerta. Como intentes tocarle un pelo, serás tú de la que no quede algo lo suficientemente grande ni como para hacer filetes de pechuga, ¿capichi? Era posible que la amenaza pareciese vana, teniendo en cuenta que estaba inmovilizada, pero la fiereza en su mirada, y cómo su cosmos volvía a calentarse dejaban bien claro que antes tenía que estar muerta para poder pararla. Aún sin brazos o piernas parecía dispuesta a dar lucha hasta el final.

Al ser soltada de golpe, cayó ligeramente agazapada, con la agilidad de su entrenamiento tomando el control. El pelo aún se azotaba con furia debido a la energía acumulada, y la mirada era desafiante, fiera, como si fuera a abalanzarse de un momento a otro contra Minos...

... Hasta que una enorme presión eliminó por completo la energía de Jeanne, haciéndola trastabillar en el sitio. El pelo cayó de golpe al suelo, y el aire salió de sus pulmones como si le hubieran dado un puñetazo en pleno estómago. Se incorporó, atontada, casi como si acabase de olvidar lo ocurrido, mirando con confusión primero a la juez y luego a la puerta por la que acababa de aparecer Abel. Se rascó la cabeza

Siento la demora. Jeanne, por favor, vé a vestirte, que tenemos una invitada.

Si... musitó, algo aturdida, antes de asentir con fuerza, recuperando de nuevo su compostura y talante Sí, tienes razón añadió, sonriendo con dulzura, antes de ir andando hacia la habitación de ambos, antes de pasar al lado del muchacho. Le acarició la mejilla con mimo, le dió un beso en esta y desapareció por la puerta. Rápidamente sacó algo de ropa interior y se vistió con una ropa sencilla, un pantalón de tela buena de vestir y una blusa, ropa que, aunque resultaba poco común en ella, tenía para "ocasiones especiales", como cuando Abel iba a tocar una sonata. Minutos después, salía vestida de forma impecable, recogiéndose el largo pelo en una coqueta coleta alta

Antes de que le amargues el día a mi novio y a mí, ¿Qué te ha traído por aquí, Minos? Creía que evitabas cualquier sitio donde yo pudiera estar

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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Mar Mar 27, 2012 8:25 am

Me encontraba sentada en el sillón, cruzada de piernas en una pose delicada. Mi mano estaba sobre mis sienes, aplastando el flequillo contra mi rostro mientras escuchaba las palabras sin sentido de aquella mujer.

¿Acaso no iba a entenderlo? Vale, había despertado en el ejército de las tinieblas y planeaba despertar a mi amo… pero… ¿había sido tan mala como humana que merecía estar al lado de una mujer sin un ápice de inteligencia? ¿Ni siquiera se había dado cuenta del cosmos que se había hecho presente en esa casa? Mucho más destructivo que las dos juntas, el amo del infierno comenzaba a manifestarse.

Dejo escapar un suspiro cansado. Aquella visita agotaba más mi fuerza que si peleara contra alguno de los caballeros dorados. Quito la mano de mi rostro cuando vuelve Abel con el te. Para observarlo. No había cambiado nada desde la última vez que lo había visto. Inclusive a primera vista parecía frágil.

En el momento en el que esa mujer se va, me pongo de pie. Era ahora o nunca y me acerco a el sacando la caja de mi abrigo.

-Te he traído un presente… que en realidad te ha pertenecido por siempre…-

Le digo sacando el colgante con forma de estrella. Aquella marca que permitía que Hades renaciera en un cuerpo humano. Me causaba algo de lastima que fuese mi amigo, pero los dioses sabían por que ocupaban humanos. Con una sonrisa paso la cadena por su cuello, dejando que la estrella cuelgue en su pecho.

Tomando su mano con suavidad, lo observo con cariño. Esperaba que pronto volviera a la vida.

-Lo estamos esperando Amo… despierte pronto…-

Le susurro antes de ponerme de pie y volver a sentarme. Si aquella mujer me veía parada al lado de el iba a explotar de nuevo y mi se te enfriaba. Al verla salir levanto una ceja, sin duda se había vestido así para competir conmigo como siempre había hecho. Dejo escapar un suspiro audible al oírla hablar.

-No he venido a hablar contigo Jeanne… he venido a visitar a Abel… Tu no eres tan importante como para que eso evite que vea a mi amigo, no eres el centro de universo… y ya que has vuelto voy a explicártelo con claridad y lentitud a ver si tu mononeurona revive y hace contacto con el aire que tienes en ese cráneo para que lo entiendas…- Le digo de manera cortante y fría – No estoy interesada en Abel como pareja… - Le hablo gesticulando bien, como si le hablara a un niño – El es mi amigo, y siempre lo será. Pero me molesta que alguien tan inteligente como el este con alguien tan vulgar como tu. No lo mereces, y el merece una mujer mucho mejor que tu… que este a su altura… Has tenido suerte por ahora por que se que el es feliz y es su decisión, aunque eso no evita que no este de acuerdo en que alguien tan corriente este a su lado… - Me sonrío con malicia – Además… su destino es mucho mas grande que esto… El va a gobernar al mundo… y ni tú ni nadie podrá evitarlo…-

Comento lo ultimo en un susurro, de manera siniestra antes de sentarme nuevamente. Cruzando las piernas, tomo la taza entre mis manos. Estaba caliente. Perfecto, sentía como si mi ser se hubiese enfriado por aquella mujer inútil.

-Espero que te guste el cheesecake de arandanos Abel…-

Le digo con una sonrisa, mientras daba un sorbo al te.

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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Mar Mar 27, 2012 9:21 am

Abel casi suspiro de alivio al ver que, efectivamente, seguían vivas y con los pelos en su sitio. De verdad, no entendía el porqué se llevaban tan mal. Jeanne era encantadora, a pesar del carácter que tenía. Y Minos, aunque no la conocía lo suficiente, le parecía una persona agradable y educada.

Sonrió suavemente cuando su pareja accedió a ir a vestirse, mirándola con dulzura en lo que la francesa se retiraba al cuarto que ambos compartían. Finalmente, se quedó a solas con Minos, y justo cuando iba a disculparse por las bruscas palabras de Jeanne, la albina se levanta, acercándose a él.

- ¿M-Minos...? - Balbuceó, anonadado y confuso por las palabras de la mujer. ¿Un regalo que le había pertenecido siempre. Fue depositado aquel curioso colgante en su cuello, sin que el cuerpo del chico pudiese hacer mucho por evitarlo. De hecho, no parecía querer rechazar aquel presente. En el momento en el que dicha joya fue puesta sobre su ser, los ojos ámbar de Abel se apagaron momentáneamente, apenas durante unos segundos, aunque suficiente como para no ser, totalmente, consciente de las siguientes palabras de Minos.

Finalmente, fue la presencia de Jeanne, re-entrando al salón, lo que le sacó de aquel pesado y extraño sopor. Confuso y algo mareado, decidió tomar asiento al lado de su chica. El té calentito seguramente le reconfortaría. Pero antes de que pudiese decir nada, nuevamente las chicas saltaron a la palestra. Suspiró. No se había percatado aún de que el colgante todavía pendía de su cuello.

- Chicas, chicas, por favor... - Intentó mediar, casi de manera resignada, mientras daba un sorbo delicado a su cálida bebida. Al menos, antes de que las palabras crípticas de Minos provocasen que mirasen a la susodicha, con un deje de extrañeza. Sabía que era extravagante, pero... ¿dominar el mundo? Parpadeó con curiosidad, y luego se encogió de hombros con una suave sonrisa, intentando romper el hielo entre las damas. - Creo que exageras, Minos... Tengo maña con el violín, pero tanto como para dominar el mundo... - Sonrió, azorado, pensando claramente que se refería a sus dotes musicales.
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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Mar Mar 27, 2012 9:39 am

No he venido a hablar contigo Jeanne… he venido a visitar a Abel… Tu no eres tan importante como para que eso evite que vea a mi amigo, no eres el centro de universo… y ya que has vuelto voy a explicártelo con claridad y lentitud a ver si tu mononeurona revive y hace contacto con el aire que tienes en ese cráneo para que lo entiendas… Jeanne le dedicó un bufido despectivo, mientras ponía los ojos en blanco No estoy interesada en Abel como pareja… El es mi amigo, y siempre lo será. Pero me molesta que alguien tan inteligente como el este con alguien tan vulgar como tu. No lo mereces, y el merece una mujer mucho mejor que tu… que este a su altura… Has tenido suerte por ahora por que se que el es feliz y es su decisión, aunque eso no evita que no este de acuerdo en que alguien tan corriente este a su lado… Además… su destino es mucho mas grande que esto… El va a gobernar al mundo… y ni tú ni nadie podrá evitarlo…

Jeanne fué a responder, pero Abel se adelantó rápidamente, a lo que Jeanne se encogió de hombros, haciendo el gesto de que Minos había perdido la chaveta, golpeándose la dien con el índice

Chicas, chicas, por favor... Creo que exageras, Minos... Tengo maña con el violín, pero tanto como para dominar el mundo...

La verdad, está un poquito rarita hoy. Más de lo normal. Jeanne suspiró, cruzando ambas piernas, antes de taladrar a Minos con la mirada, fijamente Tú eres boba, Minos. Si Abel es tu amigo, precisamente su pareja es lo que menos debería importarte. Él es feliz conmigo, ¿no? Pues alégrate en vez de tocarme la moral cada vez que abres la boca. Me parece muy bien que tenga amigas, pero si me insultan, no me gustan. A lo mejor si usases un poquito esos modales que tanto dices tener te darías cuenta de que lo que haces no es muy cortés que digamos posó su mano sobre la de Abel, sonriéndole de lado, mientras le acariciaba el dorso De todos modos, estás rarísima hoy. Primero las amenazas y ahora estas tonterías. Para empezar, no creo que Abel se ponga a dominar el mundo con su música. Es muy bella, y estoy segura de que será recordado por generaciones, pero de ahí a conquistar el planeta... se encogió de hombros, pero la mirada que le dedicó a la peliblanca estaba cargada de verdadera preocupación Minos, ¿has hablado de esto con algún profesional? No... pareces tú misma. Quizás alguien te pueda ayudar...

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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Mar Mar 27, 2012 10:50 am

No podía creer que el Amo se minimizara de esa manera. Había sentido su poder. Había visto su mirada cuando el colgante toco su cuerpo. Estaba allí… ¿Por qué todavía no despertaba? Sentía como mi paciencia llegaba al límite. ¿Qué tenia que hacer para que el Amo despertara?

Dejando la taza con algo de brusquedad los observo fijamente, sentía mi sangre hervir en mi interior por el enojo y la frustración. Respirando profundo antes de hablar de manera glacial.

-No… están equivocados ambos… Abel… no me refiero a tu música… tu destino es mas glorioso que eso… Has venido a esta vida con el propósito de purificar a la humanidad de su corrupción y darles un nuevo inicio… Tú naciste en esta era para ser el gobernante del mundo…-

¿Por qué no despertaba? ¿Por qué no se daba cuenta? ¿Acaso no sentía la llamada de Hades en su interior? ¿No sentía su glorioso poder y su destino llamándolo?

Me frustraba ver como seguía siendo el inocente mortal que había conocido… y ella… metida en el medio. Su peor enemigo y la única que podía lastimarlo ¡y estaban juntos! ¿Por qué? ¿Por qué? No lo comprendía.

-Escúchame Burra… tu me importas muy poco… me da igual lo que pueda pasarte, de hecho deberías estar muerta antes que a su lado… No te confundas, no es eso lo que me importa… - Me río - ¿Ser cortes? ¿Contigo? ¿Por qué debería serlo? ¿Te has ganado el respeto? No… ¿Te has ganado que sea cortes? No… Eres una mujer vulgar que solo causa problemas… ¿Acaso no lo ves? ¿No lo recuerdas? Siempre peleando, siempre lastimándote. ¿Qué haces de tu vida? Nada… simplemente te limitas a vivir de el… y a su lado mientras solo haces lo que sabes hacer… abrir tu boca y pelear… Inclusive cuando hay algo dentro de ti que muestra que eres más… ¿Nunca lo sentiste? Ese ki del que hablas no es lo que piensas, se llama cosmos y este tampoco es tu lugar…-

Suspiro. No comprendía por que estaba diciéndole esto a ella. Debería estar ahorcándola. Seria fácil… un simple movimiento de los hilos y su cabeza rodaría por el suelo. Pero no era tan cruel cuando mi amo no había despertado. No preste atención a las palabras que siguieron, puesto que seguramente no tenían sentido, pero lo ultimo capto mi atención. ¿Un profesional? ¿Hablar de ello con un profesional? Me estaba diciendo…

Loca…

En ese momento algo dentro de mi colapso. Era demasiado… aquello había llegado al limite. Me puse de pie con brusquedad. Volteando la taza de te caliente y empujando la mesa. Sentía mi cabello agitarse a mi alrededor, mientras el cosmos agresivo se acumulaba a mi alrededor. Aquellos hilos invisibles se agitaban con fuerza, golpeando los muebles y haciéndoles tajos.

-¿ME ESTAS DICIENDO LOCA? ¡MALDITA BURRA INÚTIL E INSOPORTABLE TE JURO QUE TE VOY A DESPEDAZAR!-

Sentía como mis vestimentas desaparecían cubiertas por una niebla negra. Durante unos instantes aquella sombra rodeo mi cuerpo, antes de desaparecer en los pliegues de la capa de la negra armadura que me había sido otorgada. Sentía como si mi cuerpo ardiera con la intensidad de un volcán.

Sentía como los hilos se agitaban a mí alrededor y se acercaban peligrosamente a ella. Quería destrozarla. Deseaba verla en pedazos revolcándose en su propia sangre. Pero en vez de eso me concentre en elevar el cosmos antes de mirar a Abel.

-¡ABEL! ¡TU NO ERES ESTE HUMANO MISERABLE, TU DESTINO ES SER EL NUEVO DIOS DEL INFRAMUNDO HADES! ¡ES HORA DE QUE VUELVA A LA VIDA AMO HADES!-

Sentía la ira y la frustración en mi voz al pedírselo. ¿Por que no despertaba? ¿Por qué continuaba así? Esperaba que reaccionara un poco con esto. Sabía que estaba presente. Había visto sus ojos. Había sentido su poder. Era hora de que volviera a la vida con su majestuosidad de antaño.

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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Mar Mar 27, 2012 2:43 pm

Finalmente, la tormenta había estallado.

La insinuación de Jeanne no había sido para nada cortés y eso sirvió para que Abel le dedicase una nada usual mirada severa. Pero cuando pensó que así podría acallar a su pareja, Minos terminó por continuar. De un momento a otro aquello terminó siendo un campo de batalla y, aunque inicialmente Abel no dijo nada ni pareció meterse, una mirada dura iba surgiendo, poco a poco, en sus ojos.

- ¿ME ESTAS DICIENDO LOCA? ¡MALDITA BURRA INÚTIL E INSOPORTABLE TE JURO QUE TE VOY A DESPEDAZAR! ¡ABEL! ¡TU NO ERES ESTE HUMANO MISERABLE, TU DESTINO ES SER EL NUEVO DIOS DEL INFRAMUNDO HADES! ¡ES HORA DE QUE VUELVA A LA VIDA AMO HADES!

Aquello fue la gota que colmó el vaso. Con exhasperante lentitud y tras poner una mano en el hombro de Jeanne, más como una advertencia a que no continuase todo aquello, que como un apoyo, el pelinegro se levantó, siendo bastante más alto que aquellas dos féminas. Eso no era lo "peor", por así decirlo, sino la presencia señorial, noble y de mando que parecía regir, ahora, su efigie. Y, contra todo pronóstico, no alzó ni tan siquiera la voz, lo que podría ser más como una bofetada psicológica, que en vez de si hubiese berreado.

- Es suficiente. Las dos. - Comenzó a decir, con un tono suave, demasiado meloso quizás, pues nunca se había visto a Abel subiendo el tono de voz. Mas el que expresaba ahora, no era muy tranquilizador. Ya no solo eso, sino que el ambiente parecía haber cambiado radicalmente. Si antes a las chicas les había parecido sentir una sensación extraña, oscura e incómoda, ahora sentirían como si sus cuerpos y almas estuviesen siendo aplastados sin ningún tipo de miramiento. Tras un regaño visual a Jeanne, Abel posó su mirada y atención sobre Minos. - No sé de que estás hablando, Minos, no tengo la menor idea, pero... en mis dominios no se alza la voz. No quiero ser descortés, pero ésto ha pasado de castaño oscuro... - Comenzó a decir, con un tono señorial que ya la albina empezaría a recordar de otras épocas. Y de cuanto detestaba Hades las trifulcas sin sentido y los alzamientos de voces. No solo eso, sino que aquella presencia espiritual era firme y dominante, de líder. - Fuera de MI casa...

Claudicó, con aquel tono de voz aterciopelado y que no daba lugar a réplica alguna. La mirada, hasta ahora dulce, e incluso retraída, de Abel, había mutado por una fría y distante.
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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Mar Mar 27, 2012 4:52 pm

Estaba loca. Total y completamente loca, sin lugar a dudas. Jeanne tuvo una expresión de pena y compasión durante las décimas de segundo en las que Minos sólo estalló de rabia, levantando ambas manos como intentando pararla. Fué cuando la armadura apareció que dió un respingo de sorpresa, con una expresión de total incomprensión. Por unos segundos estuvo tentada de buscar una cámara oculta, hasta que notó la intención asesina de la mujer. Llevaba muchos años entrenando artes marciales, y era capaz de percibir cuándo un ansia asesina se enfocaba en ella, lo que la inquietó especialmente. Rápidamente se interpuso entre Abel y Minos, cubriendo al hombre con su cuerpo con la valentía propia de la juventud, mientras fruncía el ceño.

Eso fué hasta que él la paró, a lo que Jeanne ladeó la cabeza, dispuesta a protestar. No quería que se arriesgase, pero... la mirada de él la calló. Le dejó hacer, pero estaba atenta a todo movimiento de la mujer enajenada, dispuesta a defenderle con su vida si era preciso. Si llegaban a las manos... esperaba que Abel corriese a porotegerse.

Es suficiente. Las dos.

Pero... la mujer calló, con un suspiro, agachando la cabeza. Ella no quería que hubiera llegado así, pero... todo se había ido de madre No sé de que estás hablando, Minos, no tengo la menor idea, pero... en mis dominios no se alza la voz. No quiero ser descortés, pero ésto ha pasado de castaño oscuro...

Jeanne abrió la boca, pero esta vez fué para mostrar sorpresa ante los redaños que había mostrado su novio. El vello de la nuca se le había erizado de la impresión y la emoción, y estaba por darle un abrazo ahí mismo. Sin embargo, prefirió sólo cerrar la boca y asentir, centrando de nuevo su mirada en su rival y, ahora, peligrosa invitada. Tragó saliva, presintiendo las que serían las siguientes palabras del hombre, apretando los puños

Fuera de MI casa...

Minos... suspiró, no bajando la guardia, pero sí negando con la cabeza Mira, lo siento si te ha dolido. Pero ahora será mejor que hagas caso a Abel. Márchate, tranquilízate, descansa y vuelve otro día. Mal que me pese, sois amigos, y no quiero que perdais la amistad por un ataque de rabia. La próxima vez avisa y me iré de paseo para no molestar. Pero ahora, por favor, baja esa postura agresiva y vete la chica, algo envalentonada por las palabras de Abel, mantuvo la mirada a la peliblanca, dejando que el cosmos de nuevo volviese a permear su cuerpo. Ahora era mucho más controlado, menos salvaje, pero ahí estaba, una amenaza latente de que si se veía obligada, usaría todo su poder, todas sus habilidades, para proteger a su familia, como si de una leona o una felina se tratase

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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Mar Mar 27, 2012 5:35 pm

podía sentir su poder. Allí estaba Hades y áun no despertaba.

Sentía la decepción que corría por mis venas. La impotencia... La frustración y la ira.

Su mirada lo decía todo. Allí estaba el e inclusive me sancionaba. ¿Por intentar despertarlo? ¿Por intentar hacerle ver con quien estaba? La decepción era tan grande que me dolía el pecho.

Baje la vista para esconderla bajo el flequillo blanco. Apretando los puños con tanta fuerza que sentía la sangre cálida manchar mis dedos.
¿Por qué ella no se callaba? ¿Alguna vez cerraba su boca? No soportaba más sus chillidos.

"fuera de mi casa..."

Áprete los dientes con fuerza al pensar en eso. No valía la pena... Seguir intentándolo... El parecía estar cómodo en aquel envase y con esa estúpida mujer... ¿Por qué seguir? No merecía el esfuerzo.

-cerra tu puta boca burra insoportable...- Le digo con enojo antes de mirarlo a el. Los ojos me escocian por las lágrimas de furia-bien... Sigue durmiendo con tu enemigo... Esto no vale la pena... Fue un desperdicio intentar despertar algo que no lo vale...-

Ahora hablaba calmada. Ya no valía la pena aquello. Era hora de volver al inframundo. Pero cuando esa mujer despertará iba a disfrutar matandola.

-me importa un cuerno esa amistad estúpida burra... Va más allá de eso... - Lo observo a el unos instantes-No volveré a intentar despertarlo si tiene que buscar otro cuerpo por qué se despertó muerto por su propia negligencia... Y aunque tenga que pagar las consecuencias por mis palabras no me retracto... Esta fue la cosa más estúpida que intente hacer en mi vida...-

Le digo con frialdad. Decepcionante y vacío. Nada valía la pena. Ni siquiera el. Ni ella. Ni nadie... Deshago la armadura volviendo a la ropa normal.

Me alejo hacia la puerta para irme. Aquello había sido un desperdicio. Abro la puerta sin mirar atrás y la cierro de un portazo. Para volver al inframundo.

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"...Baila para mi..."

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~Rango: Kyoto de Griffo

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~Experiencia:
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Hades
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Pez Búfalo
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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Mar Mar 27, 2012 5:57 pm

Dentro del propio Abel parecía haber una batalla de sentimientos. Por un lado se sentía culpable de haber echado así a la que consideraba una amiga. Y por otro lado, una vocecita le decía que era lo correcto, que nadie le pisoteaba. Que él era el dueño y señor de sus acciones y decisiones. Y que nadie, y mucho menos un mero mortal, se le iba a imponer.

... ¿Mero mortal?

Se llevó, un momento, una mano a las sienes, mientras sentía como algo extraño, pero familiar al mismo tiempo, se revolvía dentro de sí. Una vez se volvió a quedar a solas con Jeanne, suspiró pesadamente. Ni siquiera la miró, sino que pasó de largo, tomando el presente que la chica le había dado, y se encaminó hacia el dormitorio. De repente se sentía agotado. Tampoco se había quitado el colgante que la propia Minos le había regalado. Lo sentía suyo por derecho.

Lo que ambas no sabían era que, con sus acciones, habían comenzado a despertar al Emperador dormido.

En el preciso instante en que la calma volvió al interior de aquel apartamento, justo en el exterior comenzó a batirse una tormenta. Donde hasta ahora el día había sido plácido en climatología, ahora se sacudía como si se hubiesen abierto las puertas del Infierno. Lo peor... es que aquella alegoría quizás no fuese muy desencaminada.

De seguir a Abel, Jeanne se lo encontraría tumbado en la amplia cama, boca arriba y con un brazo cubriéndole los ojos, para intentar calmarse y pensar mejor todo lo que acababa de suceder. No solo eso lo estaba agitando.

"Tú eres el Rey, toma lo que por derecho te pertenece... Reclámalo... Despierta..."

Aquella voz, tétrica y tremendamente familiar para él, se apoderaba cada vez más y más de su mente. Volvían los flashes en su cabeza, viejas imágenes que él no parecía recordar ahora, pero que le resultaban conocidas y cercanas. Lo peor de todo, era que aquella voz que escuchaba en su cabeza...

Era la suya propia.

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Aries Búfalo
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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Miér Mar 28, 2012 3:49 am

cerra tu puta boca burra insoportable... eso resultó casi como una bofetada para Jeanne. Se le hacía tan raro oír a la supuestamente educada "damita de sociedad" usar un lenguaje vulgar que sólo reaccionó a echarse ligeramente atrás, más sorprendida que asustada o amenazada bien... Sigue durmiendo con tu enemigo... Esto no vale la pena... Fue un desperdicio intentar despertar algo que no lo vale...

¿Enemigo? No entendía nada de nada. De verdad, parecía que se le había ido la chaveta del todo, y eso la procupaba. Le devolvió una mirada confusa y preocupada, mientras Minos se incorporaba, claramente enfadada y... ¿Eso eran lágrimas? Por un momento, sintió un pinchazo de culpabilidad

me importa un cuerno esa amistad estúpida burra... Va más allá de eso... No volveré a intentar despertarlo si tiene que buscar otro cuerpo por qué se despertó muerto por su propia negligencia... Y aunque tenga que pagar las consecuencias por mis palabras no me retracto... Esta fue la cosa más estúpida que intente hacer en mi vida...

Minos... la puerta se cerró con fuerza y Jeanne dió un respingo, mirando el pedazo de madera, ahora cerrando la entrada al domicilio, como si no se creyese lo que había pasado. Se acarició las sienes, girándose hacia Abel con una expresión de culpabilidad en su rostro. Él, sin embargo, la ignoró y se marchó al cuarto, dejándola sola unos segundos en la salita. Jeanne se miró al puño, cerrado, para después negar con la cabeza, aguantándose las lágrimas. Con un gruñido furioso, dió un puñetazo a la pared, que, en respuesta, se resquebrajó levemente, antes de dejar caer las manos a los costados.

Tenía razón, ella sólo sabía destruir y golpear. La tormenta que se desató afuera sólo empeoró su ánimo, mientras agachaba la cabeza, dolida consigo misma. Ella misma sabía que no merecía estar con alguien como Abel, pero que por avatares del destino así había sido. Mientras él fuera feliz, no oiría quejas por parte de ella. Suspiró, aún intentando retener las lágrimas, y se dirigió al dormitorio compartido. Verle así en la cama le estrujó el corazón, y el silencio, se subió a la cama, apoyando su cara contra el pecho del muchacho.

Segundos después, Abel podría notar la humedad contra su pecho.

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Pez Búfalo
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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   Miér Mar 28, 2012 4:43 am

Estaba loca...

¿O quizás no? Las palabras de Minos, entremezcladas con aquellas que salían de su propia mente, con su propia voz, no le iban pareciendo tan descabelladas como podría haber pensado en un principio. Las sentía familiares, verídicas. Notaba como algo extraño, aletargado, quería despertar en su interior. Un suspiro brotó de entre sus labios. Todo aquello había sido una locura. En el exterior, la tormenta golpeaba con fuerza, oscureciendo la zona, y dejando que solo fuese iluminada, paulatinamente, por algunos relámpados. Ese fenómeno atmosférico, esa penumbra sobre todo, le relajaba, le hacía sentir tranquilo.

¿Qué le estaba pasando? ¿Acaso la loca no era Minos, y lo era él? Todo parecía producto de una pesadilla. O, más bien, de un largo, largo sueño.

Al cabo de un rato, sintió una presencia acercarse, unos pasos, pero no cambió la postura ni tampoco rechazó su llegada. No podría ni querría. Al contrario, la necesitaba. Dejó que se acostase a su lado y él, inmediatamente, la acogió entre sus brazos, de manera protectora y posesiva al mismo tiempo. Suspiró suavemente, mirándola de soslayo.

- Jeanne... Lo siento...

Susurró, mientras una de sus manos acariciaba la cabellera multicolor de la francesa. Era la mujer de su vida, y quería permanecer con ella por el resto de sus días. Lentamente, separó una de las manos y le enjugó y limpió las lágrimas, acariciándole cariñosamente la mejilla, mientras la miraba con una mezcla de amor y miedo al mismo tiempo. Detestaba verla llorar. Y mucho menos, por su culpa.

Tras eso, se silenció un poco, cuando la incertidumbre volvió a invadir su mirada, la cual apartó y desvió para otro lado. Un rato después, un nuevo suspiro se escapó de entre sus labios, mientras sus ojos ámbar permanecían fijos, a través del amplio ventanal del dormitorio, en la tormenta que se suscitaba fuera, como hipnotizado por ella.

- Si te dijera... Que las palabras de Minos no se me hacen tan descabelladas, sumándole a los sueños que he tenido... - Jeanne sabría de cuales se trataba, pues el propio Abel se lo había contado hacía ya tiempo, pero minimizados, para no preocuparla o asustarla. - Jeanne... crees... ¿crees que estoy loco...? - Musitó, casi con miedo.

En su pecho, el colgante de estrella y laureles brillaba tenuemente, con los reflejos de los relámpagos.


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MensajeTema: Re: Il trillo del diavolo [Jeanne]   

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Il trillo del diavolo [Jeanne]
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