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 Meet the Fliying Mule - Ficha de Jeanne de Pegaso

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Jeanne Reno
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Aries Búfalo
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MensajeTema: Meet the Fliying Mule - Ficha de Jeanne de Pegaso   Mar Mar 13, 2012 1:21 pm

Nombre del personaje: Jeanne Reno

Edad: 17 años

Signo zodiacal: Aries

Tipo de sangre: 0- (donante universal)

Sexo: Femenino

Lugar de nacimiento: Carcasonne, Francia

Lugar de entrenamiento: Carcasonne, Francia

Imagen:



Descripción Física: Con apenas un metro sesenta de estatura, esta muchacha de pocas curvas y enormes ojos no tiene ni un gramo de grasa. Su cuerpo, delgado, está tonificado y presenta una forma física propia de un atleta o alguien con un gran entrenamiento físico. Sus ojos son de un color castaño claro de natural, y sus rasgos aún son aniñados, aunque esté a punto de alcanzar la madurez física total. Su pelo, largo y brillante, es su orgullo, y lo cuida y trata con mucho mimo, tiñiéndolo de varios colores por mechas en un intento de destacar. Suele vestir con ropa informal o deportiva, y jamás se maquilla.

Descripción Psicológica: Aguerrida, lanzada, temeraria y con un sentido del honor y de la justicia exacerbados, Jeanne sería un perfecto ejemplo de un paladín del bien, si no fuera porque las convenciones sociales, los formalismos y las leyes en general le importan un pimiento frito. Ella hace lo que hace cuando quiere, donde quiere y como quiere, y si tiene que forzar su voluntad en otros, lo hará sin dudar. Allá donde va le gusta destacar, es muy competitiva y jamás se echa atrás ante un reto, por imposible que parezca. Disfruta con los deportes de riesgo, y no es difícil verla correr por los tejados de Carcasonne haciendo parkour, uno de sus hobbies favoritos. Es sincera y directa, y raras veces se calla lo que piensa. Visceral y leal a sus amigos, jamás los traicionaría por nada del mundo, aunque es posible que tenga roces incluso con sus más cercanos allegados precisamente por su enorme bocaza y falta de control.

Otros detalles: Es cinturón negro de Taekwondo gracias a las enseñanzas de su abuelo, que le ha instruido en el dominio del cosmos de una manera sutil, camuflándolo con un gran entrenamiento marcial. Aún no es consciente que su capacidad para romper rocas no es normal en una practicante de Taekwondo... ni ningún otro arte marcial.

Como curiosidad, su abuelo, que no tenía apellido, adoptó el de su mujer al casarse. Es el anterior caballero de sagitario y casualmente conoce las técnicas del pegaso muy bien... No en vano su nombre es Seiya Reno.

Historia: Fuego, sangre y gritos. Ahí estoy, en medio del campo de batalla. Hay muertos a mi alrededor, soldados de armadura negra, plateada e incluso dorada, desperdigados en posturas grotescas aquí y allá, como muñecos desmadejados. El campo de batalla está vacío de seres vivos, excepto por tres personas: yo, que respiro pesadamente por el esfuerzo, embutida en una gran armadura de colores plateados brillantes, cálida y agradable, una mujer de mirada dura justo a mi espalda, y frente a mí, una sombra de la que sólo veo una sonrisa. Y yo también sonrió, lanzándome al ataque contra esa sombra, mientras noto a la mujer de detrás mío rezar para que derrote a ese enemigo informe.

Abro los ojos, con un jadeo, incorporándome. Otra vez esos sueños. Mi piel nota el mordisco del frío gracias a la ligera capa de sudor que la recubre. Suspiro, desviando mi mirada al cuerpo yaciente que está a mi lado. A este hombre no le despertaría ni un bombardeo. No puedo evitar sonreír suavemente mientras me vuelvo a tumbar a su lado, acariciando su pelo. Aún hoy, tras varios años, no me lo creo, pero es cierto, estamos juntos. ¿Cuándo le conocí por primera vez? Casi parece una eternidad...

Apenas era una cría de ocho años, ya revoltosa y traviesa. No había día en el que mis no se manchasen y me raspase los codos o las rodillas. Mi pelo siempre estaba encrespado o enredado, y era raro que no perdiese el lacito que mi madre me daba. En una de esas muchas correrías infantiles en las que me metía, escuché un sonido que me atrajo. Era una música preciosa, melancólica pero atrayente, proveniente de una mansión a las afueras de mi Carcasonne natal. Sin dudarlo, me dirigí hacia allí y me encaramé al muro, trepando con mi agilidad que ya era destacable en esa época, para sentarme a lo alto del muro. Ahí estaba Abel, tocando. Era tan hermosa la estampa, tan bonita su música, que incluso contuve la respiración para no distraerle.

La pieza, como todo, terminó, y el muchacho dejó escapar un suspiro cansado, antes de fijarse en mí, sentada en el muro, mirándole absorta. Por supuesto, Abel se asustó, y casi hizo el amago de salir corriendo, pero pude pararle a tiempo suplicándole que no se marchase. Fué raro, como hablarle a un cervatillo que quería emprender la huida, pero finalmente, le convencí de que no era una amenaza. Y le pregunté si quería ser mi amigo. Eso debió tocarle una fibra sensible, porque con una sonrisa igual que un rayo de sol en un día nublado, asintió.

Desde entonces, nos convertimos en inseparables. Yo me colaba en su casa, y ambos jugábamos y nos reíamos. Y le escuchaba tocar. Me encantaba su violín, y a él parecía gustarle mi entusiasmo, porque siempre practicaba para el próximo recital, se le notaba al brillarle los ojos y deleitarme con una nueva sonata que había encontrado. Fué una infancia rara, pero feliz. Cuando crecí un poco más, descubrí unos grandes aliados en el servicio de la casa, que me dejaban colarme o me avisaban de los días en los que los padres no estarían presentes.

Entonces llegó la pubertad y... bueno, ví a Abel con otros ojos. Se había vuelto muy guapo, y esa sonrisa suya hacía que me temblasen las piernas y me derritiese directamente. También en esa época decidí teñirme el pelo, y si no hubiera sido porque a él le hizo gracia y le gustó el desatino de haber hecho el estúpido experimento de mezclar varios tintes (y salir teñida a parches), jamás hubiera adoptado esta guisa... Guisa que ahora es una imagen común en mí.

Me costó mucho, lo reconozco, pero finalmente me declaré a él. Quería salir corriendo, estaba aterrada y se me saltaban las lágrimas, pero él me paró antes de irme. Con ternura, me cogió de la mano, me giró y... bueno, me besó. Me derretí en ese mismo instante, y supe que jamás amaría a un hombre como le amo a él. Desde entonces empezamos a salir, y nuestras escapadas eran más comunes. Le llevaba a sitios ocultos de la ciudad, a los tejados, las murallas cerradas al público, mostrándole las bellezas ocultas que se hallaban en esas tierras. Éramos (y somos) felices.

Pero aún las sorpresas estaban por llegar. Hará un año, casi me dió un infarto cuando Abel dijo que nos escapáramos ¡nos escapáramos! Aún no me lo creo, con lo tímido y buen chico que es... Me sugirió que nos fuésemos juntos a París. La verdad, no tuve problemas, le amo y no le dejaría en la estacada. Además, vivo con mi abuelo, y a él no le importa mucho lo que haga siempre que recuerde los valores que me ha inculcado y blablabla. Así que nos fuimos a París, la capital, ciudad del amor, viviendo de lo que podíamos, él con conciertos y yo... de torneos de artes marciales y peleas callejeras ilegales.

Entramos al mismo instituto, y estamos haciendo vida normal, ambos. Bueno, hasta que apareció la vaca idiota esa... Aún no me creo que nada más verme me llamase "mujer sin estilo ni capacidad" delante de mi propio novio. ¡Que odio la tengo! Pero nadie me va a quitar a Abel de mi lado, pelearé como una gata por sus cachorros. Porque... él es mío.

Y yo soy suya.


Esta ficha tiene permiso de la administración (por la mención e inclusión de Seiya de Pegaso/Sagitario en a historia), de Minos (por la inclusión de su personaje como Rival/pseudoamiga en la historia) y de Hades (por la inclusión de Abel, su avatar, en la historia en calidad de novio)

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Si estás pasando por un infierno, sigue andando - Winston Churchill


Última edición por Jeanne Reno el Dom Mar 18, 2012 7:21 pm, editado 4 veces
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Libra Gato
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MensajeTema: Re: Meet the Fliying Mule - Ficha de Jeanne de Pegaso   Mar Mar 13, 2012 11:05 pm

Perfecto Muchacho, tal como lo conversamos. La pase acá para terminar de aprobarla en cuanto tengas la historia. Ya te dije, sin apuro. Hacelo al ritmo que tu mano te lo permita.
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