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 .: Defensora de los caminos perdidos :. (Mini-Fic)

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Hotaru
Gold Saint de Cáncer
Gold Saint de Cáncer
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Fecha de inscripción : 28/03/2012

MensajeTema: .: Defensora de los caminos perdidos :. (Mini-Fic)   Vie Mar 30, 2012 8:02 pm

Lo habitual es que las personas, crezcan en un núcleo familiar. Los padres se encargan de proporcionar a sus hijos las herramientas necesarias para que éstos se abran paso por la vida, acorde a las normas sociales de su comunidad. Estudiar, socializar, graduarse, encontrar trabajo, establecerse, encontrar pareja, casarse, tener hijos y educarlos como hicieron sus padres, continuando así, el ciclo infinito estipulado por la sociedad.

Esa es la realidad de las personas "normales"; pero el hecho de que algo sea lo común, no quiere decir que sea lo único.
Desde que el ser humano tomó consciencia, ah deambulado entre dos conceptos que varían según las religiones pero, que en esencia son lo mismo.

El bien y el mal.

Por naturaleza el ser humano siente aversión por lo desconocido, todo aquello que sale de su entendimiento lo enfrasca en una lucha interna para encontrarle una explicación. Si no la encuentran lo consideran mitos, desacreditando la veracidad de lo que no conocen, precisamente porque no lo han visto ni lo han vivido y así poder seguir viviendo en su mundo de confort.
Entre estas leyendas de realidades “alternas”, se encuentra la de los guerreros de las estrellas.

Hombre y mujeres como cualquier otro, que desarrollan habilidades extraordinarias, para combatir la personificación del mal y proteger a la humanidad de sus demonios. Mentes que cuestionen la racionalidad de las limitantes físicas, cuerpos que la fuerza para aplastar las piedras y cualquier otra teoría para fortalecerse ante la incertidumbre.

Así pues, no es de extrañar que para muchos niños, que carecieron desde temprana edad de un tutor o familia que los acogiera. Las doctrinas como estas se transformen en un estilo de vida. La idea de ser capaces de trascender ante el abandono y el olvido salvaba vidas y convertía en mejores personas a muchos.

Algunos afortunados lograban adquirir la fé, de que lo impensable es posible y por ende, esta posibilidad habría un mundo completamente nuevo, muy alejado de lo que se considera "normal" pero real a fin de cuentas.


...

En el inicio de los tiempos los dioses gobernaron el universo. Crearon a los hombres y los colocaron en la tierra para que les adoraran. Al principio todo fué perfección y armonía, hasta que las envidias y la creación misma, dividieran a la familia celeste.

La primera disputa que implicaba a los humanos y a los dioses, fue la iniciada por Athena y Poseidón. Ambos hicieron ofertas a la ciudad de Grecia y los moradores debían decidir a que dios seguirían. Athena ofreció una rama de olivo de la cual pueden obtener aceite y comer mientras que Poseidón ofreció el agua salada de los mares de la cual no se puede beber.

La ciudad eligió a Athena y esto inició un ciclo de enfrentamientos que a la larga, absorbió a la humanidad misma obligándolos a elegir un dios.

Así pues, simpatizantes de la diosa de la guerra justa, coordinan por años la preparación de guerreros que estén dispuestos a ser partícipes activos de la guerra entre los dioses. En esta fortaleza, transcurre la vida de una manera peculiar.

Oculto entre las montañas, existen campos de entrenamiento, divididos por género. Cada determinado tiempo mensajeros recorren los rincones del mundo buscando niños y niñas nacidos bajo las estrellas, destinados a ser lo que muchos llaman “Guerreros de la esperanza”.



//-- Santuario Grecia: Campamento Femenino--//


Nuestra historia como muchas otras, inicia en el campo de entrenamiento de mujeres.

Una niña de 10 años, su nombre... Rebecca, ávida aspirante amazónica, disciplinada y con aptitudes que hinchaban de orgullo a su maestra, una mujer de rango alto dentro del santuario. Había iniciado como esas niñas y con el tiempo, le tocó hacerse cargo del campo de entrenamiento femenino continuando así el ciclo de formación marcial.

Acyánide había dejado la mayor parte de su vida en aquél campamento. 6 años atrás llegó una niña rubia de carácter dócil y actitud muy positiva, estaba de más decir que Rebecca, podría ser la sucesora de la tutora de féminas por ello, Acyánide estaba decidida a depositar en ella todo su conocimiento.

Ese día en especial, la instructora, había tomado la sencilla decisión de medir a dos en combate. Cansada de los constantes desenfrenos de una del grupo, que en los entrenamientos, había enviado a más de una niña a la enfermería. Su nombre…

Hotaru, pelearás con Rebecca. Es hora de que te vayas dando cuenta que esto no es un juego. Después de esto se acabaron las sublevaciones y tendrás que obedecerme te guste o no. - Le dice con tono severo y autoritario.-

La niña de cabellos castaños no dijo palabra alguna, tenía ya 8 años pero casi no hablaba. Era la única que desde su llegada; había adoptado con firmeza la ideología ateniense.

Viéndolo negativamente el único error que había cometido, fue aferrarse con cada célula de su cuerpo a su nueva vida.

Esta dedicación la convirtió en un peligro constante para las demás niñas, se esforzaba demasiado y eso provocaba que avanzara más rápido. Al principio no tenía nada de malo pero, dos años después de su llegada; la frustración de no estar a la par de las demás, ni que Acyánide le permitiera ir más allá de Rebecca; empezó a manifestarse con reiterada brutalidad en cada enfrentamiento.

Acyánide esperaba que su preferida, lograra amedrentar la impulsividad de Hotaru y tal vez con la derrota (no dudaba que Rebecca sería la vencedora), también lograran apaciguar el ímpetu belicoso de la mexicana.

Ahí estaban entonces, llevaban unos 20 minutos de haber iniciado el combate, como se esperaba, la castaña no se rendía ni siquiera con varios golpes encima. Acyánide por un momento sintió la duda arropando malignamente su fe; veía como la más pequeña parecía hacerse más fuerte conforme pasaban los minutos, pero no iba a permitir que eso sucediera, le hizo una seña a la rubia de 10 años, una seña que significaba era momento de concluir el enfrentamiento.

Fue un mal golpe simplemente… entre el ademán y la respuesta, Rebecca recibió el impacto de un puño en el abdomen, el contacto la hizo trastabillar hacia atrás, eso y un par de piedras fueron los cómplices del infortunio, el tropiezo provocó que Rebecca cayera de espaldas y su cabeza golpeó secamente en el duro suelo desnucándose.

Así de simple…

La sorpresa atrofió la garganta de la instructora, algunas niñas gritaron mirando el cuerpo en medio de un charco de sangre que se esparcía sin control por la tierra.

Finalmente Acyánide chilló como si hubiera perdido a su propia sangre mientras abrazaba el cuerpo aún tibio.

Y Hotaru, se quedó ahí de pie en postura de descanso, el gélido mirar de su cubierta fácil no revelaba nada más que indiferencia. No sintió desesperación, ni compasión, tampoco remordimiento. Se había quedado a escasos dos pasos viéndola morir mientras la maestra se lamentaba. Todo había ocurrido tan rápido, que no hubiera podido hacer nada, y tan lento; que casi percibió como el alma abandonaba aquél cuerpo.

Le pareció una poesía irónica, una burla del destino para su instructora. Los números eran fríos como sus reflexiones, sin Rebecca, ya no habría nadie en el campamento a quien pudieran ponerle en frente. Eso gesticuló en su infantil rostro un rictus de satisfacción.

Serás trasladada a otro campamento… - Le dice Hiroko, el hombre que la había reclutado. -

Tuve que cobrar algunos favores pero, confío en que será lo mejor para ti…

La había tomado de los hombros flexionando las rodillas para quedar a la altura de ella, le sonrió con una media mueca que ocultaba, la preocupación que se cernía sobre él. La veía como una niña y no podía evitar sentir que la aventaba a los leones.

"Podrías aspirar a un manto de oro..."

Esas habían sido las palabras de su mentor, lo dijo con tanto orgullo que la niña no quiso preguntar que significaba.

Pese al optimismo del tutor, la cruda realidad era que Acyánide le había pedido que la sacara del campamento de amazonas, las otras niñas corrían el rumor de que había matado a Rebecca haciendo uso de “habilidades sobrenaturales” y se negaban a estar cerca de ella y mucho menos pelear.

La instructora cegada por el dolor y la ira de haber perdido a su mejor elemento, tomó como realidad las habladurías haciendo caso omiso a los hechos, culpándola.

Hiroko no creía que eso fuera verdad, pero tenía meses de haberse dado cuenta que su protegida avanzaba velozmente, quizá, solo quizá; ella podía ser uno de los elegidos para pelear codo a codo con la diosa de los humanos. Después de meditarlo, optó por echar toda la leña al fuego, llevándola hacia los campos de entrenamiento de los varones, específicamente a los que tenían lo necesario para pugnar por la mayor insignia.

La armadura de oro.



//-- Santuario Grecia: Campamento Varonil--//

No tenía cumplidos los 9 años cuando recién llegó. Hiroko había tenido razón en sus preocupaciones; la llegada de la niña, no solo provocó la indignación de los demás aspirantes, sino que la hizo blanco de sus propias debilidades.

El duro entrenamiento no era tan doloroso, como las humillaciones a manos de los más experimentados, pero él tenía otras responsabilidades, no era su función entrenarla ni mantenerla a salvo aunque ocasionalmente iba a verla para darle uno que otro consejo y mandó una educadora para que conociera de las diferentes culturas y el mundo.

Su iniciación fue dura, al principio apostaban para ver quién podría hacerla llorar o gritar, pero antes de darles eso ella prefería soportar el castigo y alimentar su orgullo, evitando desmayarse aferrándose a una sola idea.

"Tarde o temprano lo lamentarán."

Con el tiempo perdió cierta sensibilidad emocional, a la larga solo le interesaba demostrar que era la mejor y los hombres con su arrogancia, le brindaban oportunidades invaluables para incrementar su autoconfianza. Soportó testarudamente los golpes y las derrotas; mientras otros dormían ella entrenaba, ansiando en secreto de que sus oponentes se atragantara con la sangre bajo la suela de sus botas.

Pensamientos como esos, la hicieron mentalmente fuerte pero a cambio también mataron la empatía con otras personas.
Mejoró rápidamente, aprendió el obscuro arte de herir con las palabras y a ocultar magistralmente sus sentimientos. Para su buena suerte Hiroko tenía un buen puesto político dentro de la organización del santuario y, había ordenado explícitamente, que mientras no estuviera muerta, respetarían la identidad oculta con la máscara de amazona.

Esa prohibición enardecía a los que no simpatizaban con ella, haciendo que se ensañaran aún más cuando tenían oportunidad.

Suceso tras suceso, la fueron transformando en un ser difícil de descifrar; la sed de mostrar que era la mejor, la enredó en una lucha interna que al paso del tiempo, acabó ganando su lado más perverso, revelando una capacidad a la que muchos le temen.

La capacidad de comunicarse con los muertos.
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